jueves, 31 de marzo de 2011

LA HABITACIÓN


Mis viajes siderales conducen a tu campo de lino bañada hoy con una esplenderosa luna. Vuelvo al río y este sabe a puñal, a muerte y quizás a mí.

Todo lo que no se dijo flota en la atmósfera recurrente de mi habitación, donde los pensamientos se vuelven húmedos y las canciones caen en las hondonadas plegarias de un amor abatido con tiempo.

Trato de desfogar el desengaño con unas botellas medicadas por algún viejo desconsuelo que se esconde tras mi rostro.

Sale el sol y me siento tan extraño. Soñar es el único refugio, aunque a veces duele. Duele el desenmascaramiento de la realidad y, ni la fe alcanza a suplir esa ilusión que quema y enseña que nada es para siempre, ni siquiera un sueño...

Mientras tanto, el silencio se empieza a apoderar de esta habitación, aunque es un poco raro, en este silencio oyes más tus propios reclamos y tus propios lamentos.

Llega el momento de escribir el nombre en la propia tumba y sientes que la habitación te encierra y se hace mas pequeña. Tus manos inútilmente se desesperan, así que sólo decides despertarte, ya es tiempo de decir adiós a tu antigua vida e ir al trabajo.

1 comentario:

  1. Bajo un verbo hermético y de connotaciones alucinantes, la vivencia del poeta se convierte en expresiones difíciles y enigmáticas, que van desde el aprendizaje del amor, hasta el insoportable silencio de una ausencia que evoca la muerte, agigantada en una habitación, donde no caben más sentimientos. En todo caso, el poema es una invitación a la sabiduría que se hace polvo y se desvanece, con la inminencia de la realidad, desde la cual: el mundo es sórdido, pero jamás insuperable, porque aquel que alguna vez bebió de las fuentes del amor, tentado estará a probar otra vez de éste, para convertirse en poema, lo que un día será recuerdo, o en el mejor de los casos: olvido. (Es mi humilde parecer).

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