Mientras me acuesto en este recinto de soledad donde descubro la imbatibilidad del silencio, me pregunto: ¿así es la muerte?
Esta plegaria consume toda mi fe, y estas oraciones no encuentran mas receptor que el dolor perpetuo de la presencia cristalina, casi invernal de mis ojos.
Las imágenes se graban al compás del viento encarcelado. Con gran dolor y desvarío ves la fuga de las palabras; al final te das cuenta que nunca te alejaste del camino y del grito que tanto odiaste.
