jueves, 31 de marzo de 2011

LA HABITACIÓN


Mis viajes siderales conducen a tu campo de lino bañada hoy con una esplenderosa luna. Vuelvo al río y este sabe a puñal, a muerte y quizás a mí.

Todo lo que no se dijo flota en la atmósfera recurrente de mi habitación, donde los pensamientos se vuelven húmedos y las canciones caen en las hondonadas plegarias de un amor abatido con tiempo.

Trato de desfogar el desengaño con unas botellas medicadas por algún viejo desconsuelo que se esconde tras mi rostro.

Sale el sol y me siento tan extraño. Soñar es el único refugio, aunque a veces duele. Duele el desenmascaramiento de la realidad y, ni la fe alcanza a suplir esa ilusión que quema y enseña que nada es para siempre, ni siquiera un sueño...

Mientras tanto, el silencio se empieza a apoderar de esta habitación, aunque es un poco raro, en este silencio oyes más tus propios reclamos y tus propios lamentos.

Llega el momento de escribir el nombre en la propia tumba y sientes que la habitación te encierra y se hace mas pequeña. Tus manos inútilmente se desesperan, así que sólo decides despertarte, ya es tiempo de decir adiós a tu antigua vida e ir al trabajo.

LA HISTORIA DE LA SOLEDAD QUE ACOMPAÑABA AL HOMBRE (Enrique Rojas Guzmán)

(1º Premio en el I Certamen de Relato Corto Sancti Petri en Chiclana 2005)

I Desde que nací mi vida duerme patas arriba. Me he comido miles de ideas de otros y tan sólo un par, si acaso, de cuerpos con la piel arrancada de cuajo. Es posible, de ese modo, que siga teniendo hambre de ti y sed de tus aguas bravas. Puede que la tierra alguna vez me ponga en mi sitio.Puedo soñar. Estoy soñando. A un lado de mis ojos todo está a oscuras. Al otro mi mente me recuerda que soy capaz de soñar. Estoy soñando. Alguien me mira y se ríe de mí. A mi costa. Yo también enseño mis dientes. Pongo luz a mis sombras. Ella está ahí, clavándome los ojos. O, quizás soy yo quien se los clavo a ella. Alguien me mira y se ríe de mí. A mi costa. Entonces yo me pongo serio. Puedo soñar. Estoy soñando.Mi memoria late en el centro de mi pecho. Allí puede ser que ya no quepas. O sí. Quién sabe. Mi pecho es un poco difícil y, muchas veces, impenetrable. Que sabe el tiempo. No tiene ni idea. No puede saber por qué marzo sigue nublado. Como entonces.Como ayer, como hoy, como mañana. Como este ahora permanente.Las manos me pesan, me acercan las llagas de esta vida deshabitada y vacía. Las puntas de mis dedos se saben de memoria el camino al paraíso. El paraíso está cada vez un poco más lejos, más inalcanzable. Los ojos celestes que me iluminaron se fueron a buscar sensaciones desnudas debajo de una almohada de estrellas apagadas. Estoy sin nada. No hay heridas. No hay tardes. Han huido adonde sólo la sangre sabe de verdades rojas y de palabras que dicen lo que no quiero que digan. Aquello que no me creo.Me he despertado alguna que otra mañana con poemas debajo de la cama. Poemas de escarcha, de palabras húmedas, de horas muertas, de paz..., y no es fácil quitárselos de la cabeza.La noche se hace un poco larga. La mañana, en cambio, pasa demasiado deprisa. Tarde adentro me he encontrado con toda una vida que se ahoga en una botella medio llena. Y olía a invierno. Y era verano. Puedo soñar. Me gusta soñar a solas.Busco una voz. Me llama. La oigo. Ahora se calla. Busco una voz. Vuelvo a oírla. Se hace fuerte y da un golpe a mi silencio. No la encuentro. No puedo encontrarla. O no sé hacerlo. He sentido, sin embargo, mucha pena infinita cuando la he encontrado.Como ayer, como hoy, como mañana. Como antes de este todo absoluto.Creo que he caído en la batalla. Creo que un puñado de mentiras me han cogido de la mano y me han tapado los ojos. Me han atado a ti. Y te veo cantando nanas que despiertan mis sentidos. Y recordando, llorando, riendo, escribiendo, tachando; también olvidando. Me duelen las lágrimas que no me salen. Me salen las lágrimas que no me duelen. Duele, además, la indiferencia que no me ve. O eso parece.No puedo, ahora, amar a la tristeza. Prefiero morir con ella. Pero no quiero morir.Sin darme cuenta, sin ni siquiera pensarlo, llevo un trozo de ti correteando por las esquinas de mi memoria. Unas veces corre sin control. Otras se frena bruscamente. Sólo de vez en cuando se queda a morir junto a tu ausencia. Pero todo ello de manera involuntaria. Sin yo quererlo. Sin mi permiso.El sendero del olvido es estrecho, pero largo. Está lleno de hombres perdidos. Es como un laberinto negro. Es un camino nervioso. Un camino de ojos tristes. Un camino ya demasiado viejo. De pronto me detengo. Me miro en él. Ahora me gusta lo que veo. Ahora no me gusta. La vida sigue su curso, a pesar de todo. Yo también sigo el estrecho sendero del olvido.Levanto la vista. Miro lo más arriba que puedo. Lo que llaman cielo está lleno de cicatrices. Pienso que no es tan bonito. Pero sólo lo pienso. No digo yo que no lo sea. Cielo, cielo, cielo. Mi cielo fuiste tú una vez. Mi cielo es ahora lo que queda de mi memoria.Me siento en una roca dura. No tengo motivos para reír, pero de todas formas me río. No sé de qué, no sé por qué, pero lo hago. La risa me relaja. Me hace menos antipática esta, mi vida, repetitiva y monótona. Todo lo que me rodea parece una risa grande. Todo, por tanto, a mi alrededor me relaja. El tiempo me ha abandonado. Afortunadamente.

*Para leer el cuento completo visite http://enroguz.blogspot.com/2007/03/la-historia-de-la-soledad-que-acompaaba.html

miércoles, 30 de marzo de 2011

Desfila la soledad

Aparece tras la cortina de mi ayer, disfrazando las calles de recuerdo, contemplando la caricia que se terminó y quién sabe si amándome...

Sigo trepando las horas y preguntándome quién es ese mágico ser, mientras las lágrimas marcan el destino, después de romper ¿cuánto ya importa entender? Sólo queda la capacidad de soñar, mi ventana y esta noche.

¡Miren cómo desfila la soledad cegando el beso que nunca ha de venir! Sigo pasando noches sin dormir y entre luna y suspiro, una canción. Quien sabe y seguiré jugando sobre la gastada piedra donde mis sueños dulcemente se formaron y casi sin darme cuenta terminaron.

Matando un amor de verano


Hoy algo conspira, sé que esta noche gatuna se enredará con mi pelo y jugaré con los viejos números de mi directorio, dejaré en el camino huellas impregnadas del amor pasado y tatuaré de besos este rincón placentero, no quiero dejarme vivir con la espera, me iré matando ese último verano, y dejaré en el tintero esas preguntas que no contesto y ahogaré ese mar de dolor y tormenta. ¿Tengo esperanza? Quizás flota en la paz de la primavera, decidiendo las carnes de su ausencia, escuchando en la orilla su canto bajo la copa de su melancolía.