miércoles, 9 de noviembre de 2011

La playa

Sobraba tiempo en el mar.


Recogido y desnudo en la playa estaba él; bañábase mientras jugaba, le quedaba la respiración y su buen humor, aunque le cansaba hacerse preguntas y que se las hicieran.


En fin, era el hombre más hermoso. No tenía que admitirlo, ellas siempre esperarían.

EL LIBRO


La casa estaba muy tranquila, casi como adormitada. No podía entender tanta soledad y la culpa me hacía miserable. Tenía que olvidar a la mujer de mi amigo, así que retomé un libro que había dejado de leer hace mucho. Fui a mi biblioteca y me acomodé en mi sillón favorito frente a la chimenea. La lluvia afuera era muy fina y estaba cansado. Busqué la página donde me quedé y proseguí:

"Él acomodaba pensamientos. Ella seguía haciendo confesiones. Se podía respirar el café y las lágrimas se amoldaban en el abrazo que nunca llegó. Él salió. Ella se quedó en la habitación. El reloj se empecinaba en seguir corriendo aun cuando el cielo, la luz y la tarde se habían detenido. El mundo se había cansado y resignado. Parecía más un ayer. El frío acarició la espalda.



Se amaban mucho... el frío y la espalda.



La verdad era una luz muerta. -"Conmigo nada es fácil", se podía escuchar. -"Te conosco bien", alguien respondía. La ternura se hizo despedida. El ambiente se hizo canción. Llorar era tan simple pero querían sonreír.



Estaban separados por una puerta. Si entraba era dar vida a la lluvia que se veía por la ventana. Prefirió seguir en el corredor. Ella lo esperaba mientras se razguñaba el alma. Él creía que todo pasaría, que poco a poco la vida se haría de él. La infidelidad se había apoderado de la voluntad. Que ella lo negará hizo que doliera más. Él fue a la cocina. Para ella no le quedaba más que su respiración. Había dejado de llover y el silencio era absoluto. Los árboles afuera parecían estrachar sus ramas en una danza de abrazos. Él ya sabía que hacer. Entró al cuarto y dudó, ella corrió y lo besó. De nuevo parecía ayer. Ambos lloraron. Él más.



Suave y lento, casi sin exhalar, fue el beso más hermoso que se dieron. Él la abrazo por detrás. A ella le brillaron los ojos por las lágrimas de felicidad. Pronto el calor desplazó al frió de su espalda; quemaba. El cuchillo rápidamente penetró en el pulmón de ella. Él siguió besandole el cuello. Ella tenía mucho miedo y al voltear pudo ver el rostro de su amado. Él prometió que la amaría por siempre. Ella murió con una sonrisa aterradora.


Él salió de casa. El bosque estaba extrañamente hermoso. El barro y la sangre hacían de él un animal más. La oscuridad imperaba por donde andaba, pero en la copa de los árboles la luna hacía de la luz una especie de juego macabro con la fina lluvia que había aparecido de nuevo. El beso aun quemaba en sus labios. El corazón le lagrimaba muy lentamente; deshojándose andaba como árbol en ruinas. Una extraña risa pareció fortalecerle la locura. Al fin había llegado a la cabaña de su amigo. Debía matarle. Se adentró sigilosamente por entre las sombras que parecían almas o demonios reclamando algún cuerpo para devorar. Lo vió entonces de espaldas leyendo un libro frente a la chimenea. El corazón de ambos latía más fuerte y el cuchillo se disponía a matar de nuevo..."