viernes, 1 de abril de 2011

OTOÑO


Siento el vuelo acabado y los vientos dispersos. Ya no existe mar ni norte.

Esta luz entrante proviene de un viejo sueño, mientras el reloj, impasivo ante el miedo, sigue con su habitual lento transcurrir y, esta temporada de otoños, concluye en las miradas de viejos amantes; sí, todo es viejo y quizás monótono: el amor, la esperanza, los sueños, las ilusiones...

... los abrazos, los besos; todo se ha llenado de polvo, tiempo y ayeres.

El campo se ha cubierto de hojas secas y los amantes ahora se levantan más despacio de la cama, no vaya ser que las sombras y los fantasmas se despierten, eso arruinaría la fiesta y quizás cuando se despierten se lleven un gran susto.

Continúan las melodías dolientes de un cuerpo cada vez mas decrepito. Cierro mis ojos, eso me permite soñar mejor.

Mis manos rozan el pecado, siento curiosidad, miedo y satisfacción. Al fin conozco el mundo y el mundo se enfila contra la sonrisa.

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